La elefanta Kenya llegó al santuario del Mato Grosso después de un viaje de cinco días

El último ejemplar que quedaba en la Argentina llegó este mediodía al santuario brasileño

El Mundo 09/07/2025
La elefanta Kenya llegó al santuario del Mato Grosso después de un viaje de cinco días
La elefanta Kenya llegó al santuario del Mato Grosso después de un viaje de cinco días

¡Y Kenya ya llegó al Santuario! Este mediodía, la última elefanta que quedaba en la Argentina llegó al Global Sanctuary for Elephants, en el Mato Grosso brasileño. Una grúa bajó la caja del camión y, con mucha lentitud, se abrió la puerta. Tardó unos minutos en salir, pero luego lo hizo sin prisa. Un nuevo mundo se abría ante ella.

La elefanta Kenya ya está en el santuario de Brasil

Lo que pueda pasar a partir de este momento será sin duda una sorpresa. Con cada una de las elefantas que llegaron desde la Argentina fue diferente. Kenya seguramente podrá ver o escuchar a Pupy desde donde está, ya que el recinto de las “africanas” está más en alto que el de las elefantas asiáticas, lugar donde fue bajada la caja.

La elefanta que se fue de Buenos Aires y llegó al santuario del Mato Grosso

Fuera de la caja, la esperaban manjares a su disposición, que intentan distraerla y persuadirla para hacerle perder el miedo hacia todo ese mundo desconocido. Fueron 40 años de encierro: no se disuelven en un instante. Pero con paciencia, ella irá confiando día a día y descubriendo su libertad, su vida de elefante.

La historia de Kenya

Kenya, la última elefanta en cautiverio del país, llegó a la Argentina en 1984 desde un zoológico alemán. Tenía solo cuatro años. Probablemente su madre murió intentando defenderla para que no la separaran de su lado. Así capturaban a los elefantes (todavía sucede) que se vendían a los circos y a los zoológicos. Casi siempre de pequeños.

Kenya vivió sola en un recinto del exzoológico de Mendoza durante 40 años. El proceso de preparación de Kenya empezó hace siete años. El objetivo fue siempre el mismo: sacar a todos los elefantes cautivos de la Argentina y llevarlos al santuario en Brasil, creado en 2012.

En el santuario fueron preparando los recintos y la estructura necesaria al mismo tiempo que los elefantes eran entrenados para poder llevar a cabo el viaje. Trasladar un elefante con malos tratos, con el tradicional bullhook o con descargas eléctricas, como se los usó en los circos, todavía en algunos zoológicos, o con los ejemplares destinados al turismo, a los juegos, al trabajo, o a cualquier otra actividad que implique obedecer órdenes ajenas a su propia naturaleza, es más rápido, y cruel, claro.

Cada uno de los elefantes con los que se pudo concretar el viaje a la libertad, sufrieron maltrato, encierro y abuso. El trabajo que se requiere para que ellos vuelvan a confiar en el ser humano es lento.

Experiencias diferentes

Cada una de las elefantas trasladadas se manejó de forma diferente. Mara, acostumbrada a subirse y bajarse de camiones hacia la promoción del circo, y con la mansedumbre habitual de las elefantas asiáticas, salió de su caja luego de cinco días de viaje. Salió muy segura y campante.

Con Pocha y Guillermina fue muy distinto. Ellas habían vivido toda su vida en un hueco. Sí, un hueco rodeado por un paredón de piedra que hubo que romper para lograr ubicar la caja en la que viajarían. Fueron 11 horas de espera desde que se abrió la caja de Pocha. Llovía, los guacamayos sobrevolaban y gritaban. Quienes observaban cada movimiento contenían el aliento. Cayó la noche y solo cuando Guillermina empezó a llamar a su madre, y Pocha a ponerse nerviosa, decidieron bajar del camión la caja de Guillermina. Solo en ese momento, al ver a su hija, Pocha se relajó y salió de la caja inmediatamente.

Con Pupy fueron nueve horas de espera. Cuando cayó la noche y todos los que estaban festejaban el cumpleaños de uno de sus cuidadores, Pupy decidió salir de su caja.

¿Qué pasará con Kenya? Lo sabremos en muy poco tiempo.